PALABRAS DE VIDA: Vivir sin miedos, desde la fe en Dios.

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23/06/2024: XII Domingo del tiempo ordinario.
Vivir sin miedos, desde la fe en Dios.
Citas:
1ª lectura: Job 38,1.8-11.
Salmo: 106 Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
2ª lectura: 2ª Corintios 5,14-17.
Evangelio: Marcos 4,35-41.
Comentario: Sentir miedo ante los peligros es algo innato en nosotros. La vida es una gran aventura no exenta de riesgos y amenazas pero el miedo en exceso nos paraliza, detiene nuestro crecimiento como personas, anula nuestra energía interior, ahoga nuestra creatividad y nos impide vivir sacrificándonos y dándonos por amor a los demás. A veces, el poder del mal que no podemos comprender y el poder de las fuerzas de la naturaleza que no podemos contener, parecen desatarse, sin embargo, aunque no podamos entender ni explicarnos muchas de las cosas que acontecen a nuestro alrededor, Dios siempre pone límites a esas fuerzas catastróficas naturales y a las maldades causadas por la propia naturaleza humana. Debemos por ello experimentar y asombrarnos de lo que verdaderamente somos, dónde estamos, discernir entre el bien y el mal y recapacitar sobre todo lo bueno que en nuestras vidas podemos hacer, considerando que estamos en manos del Dios de la existencia, sin pedirle explicaciones ni culparle del mal ¿Acaso nos hemos dado la vida a sí mismos? Por qué entonces no entendemos que todo es un regalo inmenso y aceptamos el poder, el bien y el amor de Dios sobre todo lo que existe, incluida nuestra vida, nuestra muerte y nuestra salvación.
Como dice San Pablo; la muerte de Jesús Nazareno por nosotros y sobre todo su resurrección nos coloca frente al egoísmo humano, frente al mal y contra las estructuras y poderes opresores de este mundo para hacernos morir a la mentira, al pecado, a la enemistad, a la sinrazón de una vida individualista… y luego resucitarnos desde la eficacia del verdadero amor y la comunión de vida entre nosotros y con Dios Creador y Padre, participando así eternamente de su planes y proyectos de vida, sin miedo a quedarnos perdidos para siempre en nuestra existencia egoísta y en nuestra muerte humana.
Deberíamos escuchar con interés las palabras que nos dirige Jesucristo en este evangelio “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”
No nos atrevemos a tomar en serio todo lo que el Evangelio significa para nuestro bien y el de los demás, ni escuchamos cuando nos hablan de la providencia de Dios, sin embargo todo el bien supremo brota de la convicción radical de Jesucristo de que Dios, como un Padre, no abandona ni se desentiende de aquellos a los que ha creado y dado vida y, vigilante y con amor, corrige y sostiene nuestra existencia conduciéndonos hacia el bien desde nuestra misma conciencia. Nuestro mayor problema es no hacer caso a todo lo bueno que, como personas, podemos llevar dentro.
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