Cuando llega el invierno de la vida
las flores nunca dejan de ser flores,
las obras continúan siendo amores
y nada es diferente a lo que había.
Los pálidos colores de la tarde
alumbran el perfil de la existencia
y con la madurez de la experiencia
auguran muchos años agradables.
Una etapa de índole tranquila
que se mira en espejos de ternura
y antes que condenarte te asegura
magníficos momentos todavía.
Es hora de gozar de la familia
y disfrutar del ocio y la cultura,
del placer que te brinda la lectura
para aislarte de fobias y de filias.
Es tiempo de descanso sosegado
olvidando la vida ajetreada;
la salud bien merece ser cuidada
para alargar el trámite obligado.
De Alberto Vilches

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Yo no creo en la edad.
Todos los viejos
llevan
en los ojos
un niño,
y los niños
a veces
nos observan
como ancianos profundos.
Mediremos
la vida
por metros o kilómetros
o meses?
Tanto desde que naces?
Cuanto
debes andar
hasta que
como todos
en vez de caminarla por encima
descansemos, debajo de la tierra?
Al hombre, a la mujer
que consumaron
acciones, bondad, fuerza,
cólera, amor, ternura,
a los que verdaderamente
vivos
florecieron
y en su naturaleza maduraron,
no acerquemos nosotros
la medida
del tiempo
que tal vez
es otra cosa, un manto
mineral, un ave
planetaria, una flor,
otra cosa tal vez,
pero no una medida.
Tiempo, metal
o pájaro, flor
de largo pecíolo,
extiéndete
a lo largo
de los hombres,
florécelos
y lávalos
con
agua
abierta
o con sol escondido.
Te proclamo
camino
y no mortaja,
escala
pura
con peldaños
de aire,
traje sinceramente
renovado
por longitudinales
primaveras.
Ahora,
tiempo, te enrollo,
te deposito en mi
caja silvestre
y me voy a pescar
con tu hilo largo
los peces de la aurora!
De Pablo Neruda
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